lunes, 7 de julio de 2014

Luna, dile que yo también.

Entrar en la habitación.
Apagar las luces para que entre la oscuridad y que siga alumbrada.
El poder de la luna y las estrellas, que me esperan cada noche para que les recite mis poemas.
Le conté una vez a la luna que no me harías falta mientras estuviese ella, – de una torta me dejó dolor de cabeza de por vida y se marchó–.

La luna nueva no es nueva, si te fijas. Inexistente, si la observas. Repudiable, si se aleja.