Entrar en la
habitación.
Apagar las luces para que entre la oscuridad y que siga alumbrada.
El poder de
la luna y las estrellas, que me esperan cada noche para que les recite mis
poemas.
Le conté una
vez a la luna que no me harías falta mientras estuviese ella, – de una torta me
dejó dolor de cabeza de por vida y se marchó–.
La luna
nueva no es nueva, si te fijas. Inexistente, si la observas. Repudiable, si se
aleja.