martes, 10 de noviembre de 2015

El alma corrompida y hecha pedazos, como el agua que cae en mayo. Todos saben que estará ahí, pero nadie se la espera.
Nadie piensa en el corazón roto de esa chica que vaga por la ciudad durante las noches.
Y es que no hace falta que la noche sea fría para que ella se sienta puro hielo. Está fría porque su corazón no palpita, porque no hay motivos por los que latir y darle marcha al corazón.
Las luces de las farolas y el arcoiris de los semáforos forman sus estrellas de la noche. En la ciudad no hay estrellas. Esto no es Hollywood, pero algunos viven aquí como el Hollyweed y van puestos en mitad de la calle. Ella no necesita de esa mala hierba para para tener los ojos del mismo color carmín de sus labios. El mismo carmín que él le quitaba a cada beso.
Nadie le preguntó el por qué de su dolor, el por qué de andar siempre sola por las calles, buscando el aire. Nadie se preocupó por las incontables lágrimas que se le escapaban a cada sonrisa, porque sonreír sin él era recordar que ya no estaba a su lado.
No hubo adiós. No existió un beso entre llantos, suplicando que no se marchara, que se quedara allí con ella. No hubo un motivo que gritar para que no desapareciese de su lado.
Simplemente, él se marchó.
Se marchó y ella le gritó a los cuatro vientos que por qué lo hizo.
Ella lloró hasta quedarse sin lágrimas y se secó por dentro. Ella está rota porque él ya no está y no pudo decirle adiós.
Y por eso vaga por las calles, sola, esperando presenciar su muerte. Volver al pasado, y detenerle.
"No te vayas, no uses ese camino", le diría ella. Y así le salvaría.
Se salvarían.

miércoles, 8 de abril de 2015

Le quise, y a veces, él también me quiso; digo yo.

Te escribiría los versos más tristes durante la noche,
como Neruda,
contándote la historia de como ya no estás.
De como un día éramos 
y ahora simplemente eras.
De cómo se me pasan las horas imaginando algún quizá.
Esperaría a que saliera la luna,
como cada noche,
pensando cómo irá vestida,
si saldrá entera o estará hecha pedazos
—como yo—.
Y aun sabiendo a cada anochecer que ella saldrá
y me acompañará durante horas,
vivo con miedo los días,
al recordar que tú,
vida mía,
desapareciste de la mía,
sin mas.
Y que si 'tiritan azules, los astros, a lo lejos'
no es por gusto,
es por el invierno que me has dejado,
rozando los 40º

martes, 24 de febrero de 2015

Obviando que cada día, me acariciarás el pelo.

No suelo hacer esto,
pero quiero marcarte el cuello,
la mejilla,
y si me dejas,
tu boca.
Vámonos de aquí,
y límpiame mis labios del sueño
de tenerte atrapado en ellos.
Sonríeme con fuerza,
sólo como tú sabes hacer
antes de robarme nuestro segundo beso,
porque el primero te lo quité yo.
Clávame tus ojos,
como si no hubiese otros en este mundo
-yo ya me hice una casa en los tuyos-,
Vérsame después del tercer beso,
sólo como yo sé que sabes
pero que aún no me has enseñado.
Volvamos,
a tientas,
cogidos por el cuarto
-ya nos veremos en tu habitación-
como si tuviésemos las manos entrelazadas,
cuando en realidad son nuestros labios.
Se nos olvidó quitarnos el carmín de nuestra cara,
prueba inerte del delirio de quererte.
Huyamos,
deja que te guarde en la cartera,
como el recuerdo de mi vida,
sin dejar que llegues a ser recuerdo,
obviando que cada día,
me acariciarás el pelo.

lunes, 19 de enero de 2015

El mismo cuento cada noche.

Besar tus ojeras
como quien besa unos labios,
sentir el frío en los míos
cuando me rozan tus párpados...
Que la noche se consume
como mis cigarros en ceniza,
que nuestro amor también lo hace,
por mucho que le recitemos a Neruda;
que yo no quiero escribirte los versos más tristes
                                           esta noche,
quiero hacerte el verso triste cada día.

lunes, 12 de enero de 2015

Pero a veces, no dejas elección.

Siempre me equivoco,
y la lío
y le doy de más
a quien no lo necesita,
y le doy de menos
a quien sí se lo merece.
Que la vida nos confunde
porque no todos los caminos son rectos
y no todos los paseos acaban en tu cama
-que es mucho mejor que Roma-.
Que la luna tiene celos
porque yo puedo tocar tu pelo,
y las estrellas me alaban
por poder hacerlo.
Disculpa si te duele
-o si te duelo-
pero hay versos más profundos que agujeros,
que la oscuridad no entra por la ventana
porque ya vive en ella.
Cariño,
yo vine a abrirte el alma,
no a destrozarte el corazón; 
pero
a veces
no dejas elección.