Tengo un problema,
lo sé,
porque me gusta jugar
a ser un salvavidas,
recogerte
en la miseria,
hacerte
el
boca
a
boca,
escuchar latir
tu pecho,
refugiarte
entre mis brazos;
cuando yo
tengo un agujero,
profundo,
con malos arreglos,
un corazón con asma
y unos brazos
partidos.
Aun así,
salvaría tu alma rota
mil
y
una
veces,
antes que coser la mía,
porque tu dolor,
amor,
me duele siete veces más
que el mío.
lunes, 23 de julio de 2018
jueves, 12 de julio de 2018
Empezaré a escribir cartas.
Ahora que la vida me está dando otra oportunidad,
me acuerdo de ti.
El azul de mi teléfono me habla de tus ojos;
le puse el mute,
como quien le tapa los oídos a un sordo,
como quien le habla de colores a un ciego,
acto inútil.
Lo decoré,
le cambié el color,
e incluso le cambié la melodía,
y sólo sirvió
para verte
como cuando tenías
los ojos
cerrados.
Ahora que la vida,
como Ismael Serrano
y sus “Instrucciones”,
no quiero que si te vas
-como has hecho-
sea no muy lejos y por poco tiempo;
tal y como te has ido,
piérdete entre las aceras,
no importa cuán lejos estés,
no vuelvas,
por más que mi teléfono me hable de ti,
aunque grite tu nombre.
No vuelvas.
Empezaré a escribir cartas.
me acuerdo de ti.
El azul de mi teléfono me habla de tus ojos;
le puse el mute,
como quien le tapa los oídos a un sordo,
como quien le habla de colores a un ciego,
acto inútil.
Lo decoré,
le cambié el color,
e incluso le cambié la melodía,
y sólo sirvió
para verte
como cuando tenías
los ojos
cerrados.
Ahora que la vida,
como Ismael Serrano
y sus “Instrucciones”,
no quiero que si te vas
-como has hecho-
sea no muy lejos y por poco tiempo;
tal y como te has ido,
piérdete entre las aceras,
no importa cuán lejos estés,
no vuelvas,
por más que mi teléfono me hable de ti,
aunque grite tu nombre.
No vuelvas.
Empezaré a escribir cartas.
miércoles, 11 de julio de 2018
Resulta,
que las calles están vacías
desde que te fuiste.
Que sólo encuentro semáforos en rojo,
el viento no pasa por las ventanas de casa;
y no sólo eso,
además,
las cierra.
El martillo del vecino ya no duele,
pero siento cómo taladran mi alma
las obras de la calle de enfrente.
La ropa sigue colgada,
esperando a que vuelvas,
como los perros esperan a sus dueños
en la puerta del hospital,
sin esperanza y autoengañándose.
A las margaritas del parque
le han salido espinas
de tanto hablarles de ti.
No quieren que vuelva,
yo quiero que vuelvas.
“Por favor, no te vayas”,
como palabras de súplica
ante la desdicha de tu inminente huida.
Te llevaste en tus maletas
una vida entera,
la mía.
Tan insignificante,
que la llevas en el bolsillo
del pantalón.
No la tires,
no la pierdas,
que no se caiga.
Porque un día
Tendrá el valor que no le supe dar
-contigo-.
Volveré a ser,
después de ti.
que las calles están vacías
desde que te fuiste.
Que sólo encuentro semáforos en rojo,
el viento no pasa por las ventanas de casa;
y no sólo eso,
además,
las cierra.
El martillo del vecino ya no duele,
pero siento cómo taladran mi alma
las obras de la calle de enfrente.
La ropa sigue colgada,
esperando a que vuelvas,
como los perros esperan a sus dueños
en la puerta del hospital,
sin esperanza y autoengañándose.
A las margaritas del parque
le han salido espinas
de tanto hablarles de ti.
No quieren que vuelva,
yo quiero que vuelvas.
“Por favor, no te vayas”,
como palabras de súplica
ante la desdicha de tu inminente huida.
Te llevaste en tus maletas
una vida entera,
la mía.
Tan insignificante,
que la llevas en el bolsillo
del pantalón.
No la tires,
no la pierdas,
que no se caiga.
Porque un día
Tendrá el valor que no le supe dar
-contigo-.
Volveré a ser,
después de ti.
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