Ahora que la vida me está dando otra oportunidad,
me acuerdo de ti.
El azul de mi teléfono me habla de tus ojos;
le puse el mute,
como quien le tapa los oídos a un sordo,
como quien le habla de colores a un ciego,
acto inútil.
Lo decoré,
le cambié el color,
e incluso le cambié la melodía,
y sólo sirvió
para verte
como cuando tenías
los ojos
cerrados.
Ahora que la vida,
como Ismael Serrano
y sus “Instrucciones”,
no quiero que si te vas
-como has hecho-
sea no muy lejos y por poco tiempo;
tal y como te has ido,
piérdete entre las aceras,
no importa cuán lejos estés,
no vuelvas,
por más que mi teléfono me hable de ti,
aunque grite tu nombre.
No vuelvas.
Empezaré a escribir cartas.
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