martes, 24 de febrero de 2015

Obviando que cada día, me acariciarás el pelo.

No suelo hacer esto,
pero quiero marcarte el cuello,
la mejilla,
y si me dejas,
tu boca.
Vámonos de aquí,
y límpiame mis labios del sueño
de tenerte atrapado en ellos.
Sonríeme con fuerza,
sólo como tú sabes hacer
antes de robarme nuestro segundo beso,
porque el primero te lo quité yo.
Clávame tus ojos,
como si no hubiese otros en este mundo
-yo ya me hice una casa en los tuyos-,
Vérsame después del tercer beso,
sólo como yo sé que sabes
pero que aún no me has enseñado.
Volvamos,
a tientas,
cogidos por el cuarto
-ya nos veremos en tu habitación-
como si tuviésemos las manos entrelazadas,
cuando en realidad son nuestros labios.
Se nos olvidó quitarnos el carmín de nuestra cara,
prueba inerte del delirio de quererte.
Huyamos,
deja que te guarde en la cartera,
como el recuerdo de mi vida,
sin dejar que llegues a ser recuerdo,
obviando que cada día,
me acariciarás el pelo.

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