De
verdad que ya he olvidado
cómo
se manchaban nuestros zapatos
los
días de lluvia,
cuando
decíamos que no hacía falta paraguas,
que
vida solo hay una
y
mejor sentirla en nuestra cara.
El
barro del felpudo ya está seco,
y
las sudaderas siguen manchadas
-porque
lo de llevar abrigos no va-.
En
septiembre llegó el frío,
el
otoño de mi invierno;
Acércame
la bufanda,
no
quiero que me veas la cara,
no
quiero un invierno sin tus brazos
como
manta.
Te
juro que te he olvidado,
pero
me olvidé de olvidarte
y
ya no sé quererme.
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