Me
sigo autoengañando,
y
culpándote de mi insomnio,
“Dormir
es de cobardes”,
¿recuerdas?
Madrugadas
sin espera
y
mi vida entre tus manos.
Los
mejores atardeceres
los
vi a través de tus ojos;
y
ya sabes que yo soy más de lunas,
pero
a tu lado
el
sol
se
ve
más
bonito.
Íbamos
a comernos
-el
mundo-,
pero
fallamos
demasiado.
La
historia de tu cuerpo sobre el mío
ni
tan triste
ni
tan mala,
pero
acabó en guerra.
Ninguno
ganamos,
amor,
pero
yo
sí
que
-me-
perdí.
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