He
visto tu alma
hecha
mil pedazos
a
través de tus ojos,
al
mismo tiempo
que
me hablabas de tus sueños
con
una sonrisa en la cara.
He
visto
cómo
tu reflejo en el espejo
sacaba
un pañuelo del bolsillo
y
salía para dártelo,
porque
no puede verte más llorar.
También
te he escuchado
reír
a carcajadas
por
la gracia ajena
-y
por la desgracia propia
también-.
Te
he visto mirar el cielo
sabiendo
que estás a sus pies,
pero
cariño,
Madrid
jamás estará
a
tu altura.
Me
he visto a tu lado,
también,
esperando
el momento
exacto,
buscando
ese segundo
efímero,
para
regalarte
mis
ojos
y
lo que venga
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